El hundimiento de la reforma laboral en el Congreso fue celebrado por muchos sectores empresariales, pero nadie lo hizo con tanto entusiasmo como FENALCO. Según el medio La Vorágine, el gremio, que agrupa a los comerciantes del país, pagó avisos de página entera en los principales periódicos impresos para felicitar a los ocho congresistas que, con su voto, evitaron que la reforma siguiera su curso. Aunque el gesto puede parecer un simple respaldo a una decisión política, en realidad, revela mucho más: deja al descubierto la capacidad de incidencia que tiene este gremio en las decisiones legislativas y cómo la discusión sobre los derechos laborales en Colombia sigue secuestrada por los intereses de los grandes grupos económicos.
Es evidente que la reforma laboral tenía puntos debatibles. Como cualquier propuesta de este tipo, necesitaba ajustes, correcciones y un análisis profundo sobre su impacto. Sin embargo, la estrategia no fue discutirla ni mejorarla, sino bloquearla sin mayor deliberación. El mensaje que deja este episodio es claro: la mejor reforma laboral, para algunos sectores, es la que nunca ocurre. Y en ese escenario, el papel de FENALCO es clave.
Este gremio no es un simple representante de los comerciantes. Su influencia en la política colombiana es histórica y ha estado marcada por una agenda que va mucho más allá de la defensa del comercio. En el informe de José Guarnizo, director de Vorágine, evidencia que en 1994, FENALCO firmó, junto a otros gremios, una carta de apoyo a las Convivir, asociaciones de vigilancia privada que luego se convirtieron en un brazo del paramilitarismo en Colombia. Quienes firmaron esa carta lo hicieron bajo la premisa de que las Convivir eran necesarias para la seguridad del país, pero con el tiempo quedó en evidencia qué intereses protegían realmente.
Uno de los firmantes de esa carta fue Sabas Pretelt de la Vega, quien en ese momento era presidente de FENALCO. Años después, como Ministro del Interior de Álvaro Uribe, se vio envuelto en el escándalo de la “Yidispolítica”, en el que se ofrecieron prebendas a congresistas para que aprobaran la reelección presidencial en 2004. Pretelt terminó condenado por corrupción. Pero la historia no termina ahí. Otro firmante de la carta fue Jaime Alberto Cabal Sanclemente, actual presidente de FENALCO. Es decir, quienes han dirigido este gremio no solo han tenido un papel en decisiones económicas, sino también en maniobras políticas de gran escala.
Después de Pretelt, llegó Guillermo Botero, quien siguió la misma ruta: de presidente de FENALCO pasó a ser Ministro de Defensa en el gobierno de Iván Duque. Su gestión fue marcada por escándalos, incluyendo el ocultamiento de la ejecución extrajudicial del excombatiente Dimar Torres y la justificación de bombardeos en los que murieron menores de edad. Terminó renunciando tras la presión del Congreso y la opinión pública.
Este recorrido muestra un patrón preocupante: FENALCO no es solo un gremio de comerciantes, es una organización con una agenda política clara, que ha sabido mover sus fichas en el poder para garantizar que sus intereses prevalezcan sobre el bien común.
Uno de los aspectos más inquietantes de este episodio es el papel que juegan los medios de comunicación. Las declaraciones de FENALCO son citadas con frecuencia como opiniones expertas en economía, empleo y comercio en medios como La República, sin mayor contraste ni cuestionamiento. Se presentan sus posturas como verdades absolutas, ignorando que muchas de sus propuestas han estado históricamente en contra de derechos laborales fundamentales. Su oposición a medidas que favorecen a trabajadores informales, su resistencia a cualquier regulación que afecte la rentabilidad del sector empresarial y su constante rechazo a iniciativas de formalización laboral deberían ser elementos clave en la discusión.
Sin embargo, el verdadero problema radica en la falta de regulación del lobby en Colombia. Según el Instituto Anticorrupción, en el país ha habido más de diez intentos fallidos por regular el cabildeo en el Congreso. En otras democracias, como Estados Unidos, existe un marco normativo que obliga a los grupos de interés a registrar sus actividades, documentar sus reuniones con legisladores y transparentar sus intenciones. En Colombia, en cambio, estas acciones ocurren en la sombra, sin supervisión ni rendición de cuentas.
El resultado es evidente: FENALCO tiene la capacidad de influir en decisiones legislativas, diseñar narrativas mediáticas y presionar a congresistas sin que exista un control real sobre estas prácticas. Por eso, cuando el gremio celebra el hundimiento de la reforma laboral con avisos pagados en periódicos, lo que realmente estamos viendo es la manifestación de un poder que opera en la discrecionalidad y que, con recursos financieros y una amplia red de contactos, puede moldear el rumbo del país sin necesidad de someterse a la deliberación pública.
Es predecible que FENALCO festeje el fracaso de la reforma. Lo que no puede pasar desapercibido es desde qué lugar lo hace y cuáles son los intereses que realmente defiende. La discusión sobre los derechos laborales en Colombia no puede quedar en manos de quienes históricamente han trabajado en su contra. Si queremos un debate serio sobre el futuro del trabajo en el país, lo mínimo que se requiere es transparencia sobre quiénes están decidiendo y a favor de quién.