En un clima de incertidumbre y tensión, el autodenominado Cabildo Indígena de El Peñol y El Tambo decidió dar marcha atrás en su amenaza de bloquear la vía al Motilón, la principal arteria que conecta estas y otras localidades con Pasto. Este paso, aparentemente conciliador, llega tras una reunión clave con las autoridades departamentales, donde se establecieron acuerdos preliminares. Sin embargo, lo que parece ser una solución temporal deja tras de sí un complejo entramado de intereses, cuestionamientos y divisiones sociales que no pueden ser ignorados.
El trasfondo de la proclamación
El origen de esta autoproclamación como cabildo indígena está rodeado de promesas que apelan a las necesidades más sentidas de la población. Los líderes han ofrecido soluciones sociales y de infraestructura, desde la construcción de escuelas y vías hasta la liberación de tambeños encarcelados. Estas promesas, que no tienen un sustento legal ni práctico inmediato, captaron la atención de una población históricamente marginada, pero también han generado escepticismo.
A diferencia de otras regiones de Nariño con una rica y documentada tradición indígena, ni en El Peñol ni en El Tambo existen registros históricos, culturales y lingüísticos que validen una identidad indígena preexistente. Este vacío ha dado pie a interrogantes sobre la autenticidad de esta iniciativa y las verdaderas motivaciones detrás de ella.
El protagonismo como estrategia
El uso de las vías de hecho, como la amenaza de bloquear la carretera, fue una maniobra que logró captar la atención de las autoridades y de los medios de comunicación. Sin embargo, esta estrategia también generó tensiones en las comunidades locales, que ya enfrentan problemas de conectividad debido al mal estado de las vías, que la Alcaldía de El Tambo, según los expertos Jorge Luis Argoty, magister en pavimentos y en vías y Carlos Armando Bucheli, magister en ingeniería Civil, con énfasis en estructuras y especialidad en geotecnia, invitados por la administración para evaluar los puntos críticos de la vía El Tambo – Zanjón, concluyeron que son fallas geológicas activas, situación ya conocida, y que debido a esto es difícil dar una solución definitiva. Fueron 9 días los que tardó la Alcaldía de El Tambo para llegar a esta evidente conclusión y comunicarla a través de su página de Facebook, no así por su página web oficial, donde debería reposar toda información. Sin embargo, la administración de El Tambo promete hacer seguimiento a los puntos críticos para encontrar soluciones. Amanecerá y…
Volviendo al tema indígena, un bloqueo habría agravado la situación, afectando directamente a las familias que dependen del transporte diario para sus actividades económicas y sociales.
La decisión de dar marcha atrás y priorizar el diálogo refleja un cálculo político que busca evitar una mayor confrontación. No obstante, este giro no disipa las dudas sobre el fondo del asunto: ¿es esta una reivindicación legítima de derechos o un intento de obtener protagonismo político y recursos económicos?
El peso de las decisiones
El reconocimiento oficial de un cabildo indígena tiene implicaciones profundas. De concretarse, el presupuesto del municipio correspondiente se dividiría, y la comunidad indígena manejaría con autonomía los recursos que el Gobierno les asigna. Este escenario, que en otras regiones ha sido un mecanismo para fortalecer las tradiciones y derechos indígenas, en este caso plantea el riesgo de fragmentar a comunidades campesinas que no cuentan con una identidad indígena histórica ni territorial.
Además, la aceptación de una nueva identidad por parte de campesinos que renuncian a su origen plantea un debate ético y cultural. La identidad campesina, construida a lo largo de generaciones en el trabajo de la tierra, es un pilar fundamental de la historia rural colombiana. Abandonarla en busca de beneficios inmediatos podría tener consecuencias a largo plazo para la cohesión social y la autenticidad cultural de estas comunidades.
La responsabilidad institucional
Las autoridades locales y departamentales enfrentan un desafío significativo. Por un lado, deben garantizar el cumplimiento de los procedimientos legales para el reconocimiento de un cabildo indígena, lo que incluye la verificación de su autenticidad cultural y territorial. Por otro lado, deben gestionar las tensiones sociales que este tipo de iniciativas genera, asegurando que las decisiones tomadas no profundicen las divisiones ni comprometan el desarrollo integral de sus municipios.
El Ministerio del Interior, como instancia encargada de validar los procesos de reconocimiento, establece estándares rigurosos que garantizan que solo se reconozcan comunidades que cumplan con los requisitos legales y culturales. Esto no solo protege la legitimidad del sistema, sino que también previene el uso indebido de una figura que, en esencia, busca salvaguardar las tradiciones y derechos de los pueblos indígenas.
Lo ocurrido en El Peñol y El Tambo no es un caso aislado, sino un reflejo de las tensiones y desafíos que enfrenta Colombia en la construcción de su diversidad étnica y cultural. En un país donde la autodeterminación es un derecho protegido constitucionalmente, también es necesario garantizar que este derecho no se desvirtúe ni se utilice como herramienta para fines políticos o económicos.
El diálogo y los acuerdos alcanzados son un paso en la dirección correcta, pero no deben ser el punto final. Es fundamental que las comunidades locales, las autoridades y la sociedad en general reflexionen sobre el valor de las identidades históricas y culturales, asegurando que estas no se conviertan en monedas de cambio en un juego de intereses.
El desafío está en encontrar un equilibrio entre el respeto por la autodeterminación y la protección de la autenticidad cultural, reconociendo que cada identidad, ya sea campesina o indígena, tiene un valor intrínseco que debe ser respetado y preservado. Si este equilibrio se pierde, el riesgo es que, en lugar de construir una sociedad más inclusiva y diversa, terminemos profundizando las divisiones y debilitando las bases culturales que nos sostienen como nación.