viernes, abril 4, 2025
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Emergencia en El Encano: tragedias que pudieron evitarse, pero la prevención no da votos

Los recientes deslizamientos en el sector del puerto de El Encano y en la vía Pasto – La Cocha han dejado una estela de tragedia y desolación. Vidas perdidas, infraestructura colapsada, viviendas afectadas y una población que requiere apoyo y ayuda urgente, mientras llegan funcionarios con discursos gastados. La situación no es nueva, ni impredecible. Estos eventos responden a un problema estructural: la falta de prevención del riesgo y la improvisación con la que se manejan las políticas ambientales y de ordenamiento territorial en la región.

La tragedia de este fin de semana pone en evidencia la falta de una gestión del riesgo efectiva. No es solo un fenómeno natural, es una crisis anunciada. Los deslaves y desbordamientos no son producto del azar ni del «destino», sino de la negligencia estatal y la indiferencia política. La deforestación en zonas de alta pendiente, el cambio en el uso del suelo y la urbanización en zonas de riesgo han alterado la capacidad natural de los ecosistemas para regular el agua. La desaparición de bosques altoandinos, esenciales para la captación y liberación gradual de agua, ha convertido las lluvias en bombas de tiempo.

Las entidades responsables, como la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y la Alcaldía de Pasto, responden desde sus posibilidades y responsabilidades ante la emergencia, sin embargo, se queda en deuda, especialmente, en materia de prevención. Es más aún están pendientes compromisos asumidos en la emergencia pasada con la quebrada Guachucal.

Más allá de la asistencia inmediata, que es esencial e indiscutiblemente necesaria, la discusión debe centrarse en la responsabilidad administrativa de quienes tienen el deber de prevenir estos eventos. La gestión del riesgo implica planificación, acciones preventivas y ejecución de proyectos en el corto, mediano y largo plazo, no solo reacciones tardías cuando la tragedia ya es irreversible. La ausencia de estudios serios sobre la capacidad de conducción de los canales naturales del paso del agua y de drenajes, el mal manejo de residuos y la falta de infraestructura adecuada agravan la situación.

El Encano y sus alrededores han sido testigos de una ocupación del suelo sin regulación, por ejemplo en el puerto de El Encano, una zona que geomorfológicamente es un delta, es decir, una área de depósito natural de sedimentos y de alto riesgo de inundación. El crecimiento urbano y turístico descontrolado ha sido facilitado por curadurías complacientes y una planeación que ignora las amenazas evidentes. El resultado: comunidades vulnerables expuestas a desastres previsibles.

La solución no puede seguir siendo la misma respuesta paliativa y momentánea. Es urgente que el gobierno nacional y local dejen de lado el populismo y tomen medidas estructurales para evitar que estas tragedias se repitan. Se requiere la implementación de políticas serias de conservación de ecosistemas, reforestación de zonas estratégicas, regulación estricta del uso del suelo y una inversión decidida en infraestructura resiliente al cambio climático.

Las lluvias y deslaves no son impredecibles. Los eventos extremos del clima han aumentado, y seguirán ocurriendo con mayor frecuencia y severidad. Pero la manera en que afectan a las comunidades depende de la planificación y prevención. Cada víctima de estos desastres es también una víctima de la negligencia estatal. La pregunta es hasta cuándo seguirá ocurriendo lo mismo sin que haya consecuencias para quienes tienen el deber de proteger a la población.

Si la gestión del riesgo fuera una prioridad real y no un eslogan para campañas políticas, hoy no estaríamos lamentando vidas perdidas ni vías destruidas. La tragedia de El Encano y la vía Pasto – La Cocha es un recordatorio brutal de que la ausencia de prevención nos condena a repetir la historia una y otra vez. La pregunta no es si volverá a ocurrir, sino cuántas vidas más costará la indiferencia de los gobernantes.

Prevenir no da votos, pero salva vidas. Y eso debería ser suficiente razón para actuar ahora, antes de que la próxima emergencia vuelva a dejar en evidencia la incapacidad de un Estado que solo reacciona cuando ya es demasiado tarde.

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Felipe Andrés Criollo
Felipe Andrés Criollohttps://www.elradardelsol.com
Comunicador Social - Periodista, Especialista en Pedagogía de la Virtualidad, Maestrante en Pedagogía Social. Docente universitario. Correo: crifean@gmail.com
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